Siempre te quejabas por tu pasado,
siempre te preocupabas por tu futuro,
y aunque nunca estabas presente
yo seguía ahí.
Nada cambiaba nunca porque nunca cambiabas nada y así nos iba.
Necesitabas a alguien a tu lado,
alguien que no era yo.
La dulce y aparente realidad que construías no era sostenible y se derrumbó sobre nosotros
y nos aplastó.
Al menos a mí. Tú siempre salías ilesa
y regresabas para empezar de nuevo
pero yo ya no podía.
Estábamos cómodos sobre una superficie
que se balanceaba cada vez más y más,
y al final caí.
Ahora te miro desde aquí abajo,
y veo que has conseguido mantenerte a flote.
Dulce ironía de la vida, yo me hundí.
Desde lo profundo del abismo, por fin comprendí
que no necesitaba a nadie para salir.
Sólo saber que todo se pasa. Incluso tú.
No hay comentarios:
Publicar un comentario