de esas pegadizas que se te meten en la cabeza
y te acompañan durante días, semanas, meses.
Me apetecía un baño caliente contigo,
llenarte la cara de burbujas y verte sonreír.
Porque la vida era como un cubo de rubik,
cuando una parte estaba perfecta,
las demás eran un puto lío
hasta que apareciste tú.
Quizás es porque eres mi idea perfecta
o quizás porque eres como un copo de nieve
frágil, precioso, simétrico.
O porque tus ojos a veces son verdes
o porque tus ojos a veces son grises.
Y en el invierno te retendré
en un lugar caliente, conmigo.
Y decirte que no te cortes más el pelo
porque me encanta cómo lo llevas ahora.
Prometo cuidarte, ser todo lo que pides
o al menos intentarlo.
Y sé que nunca se me han dado bien los videojuegos
y que tu hermano pequeño siempre me gana
y cuando pierdo, me da cabreo y quiero apagarlo,
pero me encanta cuando eso pasa.
Porque te ríes de mí, me abrazas cuando menos lo espero
y ya estás preguntándome si mañana también vendré a verte. Por supuesto.
Entonces viene mi parte favorita,
cuando nos acostamos en tu cama
y me acaricias el pelo
y siento tu respiración en mi cuello.
Ese momento es todo lo que quiero.
Y después te cabreas porque odio el humo del tabaco,
y te quejas porque yo bebo más que tú,
y eso que no es nada fácil,
pero me encanta discutir contigo
porque es adorable cómo frunces el ceño.
Por eso me río, te cojo de la mano
y acabamos acostados en la playa.
Me abrazas, porque de noche hace frío
y escuchamos lo que nos dicen las estrellas.
Y te juro que nunca sabrás
lo que significas para mí.
O quizás sólo me enamoras un poco más
cada vez que me despiertas con un beso.
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