Todo empezó como empiezan las mejores cosas. Un poco de casualidad, un poco de suerte, un poco de inercia inesperada.
Me encanta esa sensación. Cuando ni tú mismo te entiendes. No sabes qué pensar, no sabes si es bueno.
Aquellos primeros besos por diversión se fueron convirtiendo en besos de compartir sofá. De compartir risas. De compartir cada día.
Y te das cuenta de que quemarías la ciudad si te enteras de que te necesita la mitad que tú.
Me encanta esa sensación. Cuando ni tú mismo te entiendes. No sabes qué pensar, no sabes si es bueno.
Aquellos primeros besos por diversión se fueron convirtiendo en besos de compartir sofá. De compartir risas. De compartir cada día.
Y te das cuenta de que quemarías la ciudad si te enteras de que te necesita la mitad que tú.
Pero el tiempo pasa. Y la ilusión con él. Y casi sin darte cuenta, tu vida cambia sin avisar. Y como todo lo bueno que empieza, un día se acaba. Dándote cuenta de las cosas. Con besos de rutina. Y sofás en descenso. Y pensamientos en otro sitio.
Con excusas toleradas. Con un adiós vagamente anunciado. Y su boca se te quedará marcada en los labios. Y quemará. Porque cada vez que lo notas, recuerdas que estuvo.
Con excusas toleradas. Con un adiós vagamente anunciado. Y su boca se te quedará marcada en los labios. Y quemará. Porque cada vez que lo notas, recuerdas que estuvo.
Y que ya no está.
No hay comentarios:
Publicar un comentario